
LOS ELEMENTOS SÍNTOMAS DE ENFERMEDAD
En Astrología médica existen cuatro
elementos que deben ser estudiados. Forman
la base o la materia prima con la que se
edifica la constitución física, y refleja el
temperamento y la sensibilidad. Los
elementos difieren unos de otros en la
calidad vibratoria. En el organismo pueden
combinarse, ya sea en proporción
equilibrada, o que uno o más elementos se
halle en exceso o deficiencia. Si predomina
uno de ellos, se manifestarán muy claramente
sus características en la personalidad y en
la fisionomía individual. Las personas
tienden a exhibir tanto los vicios como las
virtudes del elemento preponderante y a
sufrir las enfermedades que motiva su
alteración; por ejemplo, un exceso de fuego
provoca fiebres. Cuando un elemento es
deficiente, la persona carece de muchas de
las características que le son propias y
sufre las enfermedades que origina esta
carencia. Por eso, cuando hay una
deficiencia de fuego, no se es espontáneo ni
valiente, la piel es pálida, y la digestión
es lenta porque el fuego se vincula con
todos estos factores. Si los elementos se
hallan equilibrados, la persona se siente
armonizada y su comportamiento fisiológico
muestra pocas estridencias o rasgos
exagerados.
Cuando un elemento se encuentra en exceso,
éste tiene que ser compensado; si es por
deficiencia, debe ser estimulado. Esta es la
base de la curación. Existen muchas maneras,
físicas o psicológicas, para ayudar a
equilibrar los elementos. En las páginas que
siguen se ha realizado un esfuerzo para
describir las principales características de
cada elemento y de algunos trastornos que
originan su deficiencia.
Recordemos que cada cuerpo físico es una amalgama de elementos y que muchas enfermedades se deben a la combinación de problemas y no a la causa de uno solo. Por otra parte, cuando una enfermedad concierne a más de un elemento, suele ser más difícil de tratar.
Recordemos que cada cuerpo físico es una amalgama de elementos y que muchas enfermedades se deben a la combinación de problemas y no a la causa de uno solo. Por otra parte, cuando una enfermedad concierne a más de un elemento, suele ser más difícil de tratar.
El Aire
La principal característica del aire es
el movimiento. Los otros elementos
dependen del aire para su activación. Si
no fuese por el aire, todo permanecería
estático. Por esto, su deficiencia en la
constitución tiene como resultado una
lentitud de movimientos, de la
percepción, y de las funciones
corporales. El aire no es sólo esencial
para el movimiento, sino también para el
sentido de la comunicación el cual se
desarrolla a partir de los contactos
generados por el movimiento. Estos
contactos, a su vez, son memorizados por
el sentido del tacto. El tacto nos
relaciona con el mundo en que «vivimos,
nos movemos y somos», para citar un
famoso verso extraído de los Actos de
los Apóstoles. El aire también es el
elemento que nos informa sobre el mundo
circundante. Se trata del elemento
social por excelencia y el que nos
permite conocer a los demás. Este último
punto nos conlleva a ramificaciones
abundantes. El equilibrio del elemento
aire es el que nos proporciona el
sentido de la honradez y de la justicia,
el que asegura una orientación humana de
la vida, y nos da el sentido de la
amistad, factores esenciales para
establecer unas correctas relaciones.
Una proporción apropiada de aire implica
gracia, percepción equilibrada,
bienestar, objetividad, sensibilidad
estética y amor a las artes.
Socialmente, la persona causa buena
impresión y por lo general, su aspecto
se distingue por el atractivo personal.
Un exceso de aire hace a la persona
impaciente, nerviosa, ansiosa, inestable
y, a veces, miedosa. Tiene dificultades
en permanecer sola, dormirse, relajarse
y sortear las dificultades. Las personas
tienden a ser más impersonales,
frecuentemente, hasta el punto de
sentirse excesivamente alejadas de la
experiencia y del compromiso.
Eventualmente, los hábitos y
predisposiciones personales provocan
cambios fisiológicos que reflejan las
condiciones en otros niveles. Como el
aire es seco, su exceso provoca rigidez
en las articulaciones, fragilidad del
cabello, de los huesos, de las uñas;
artritis y enfermedades parecidas a las
que se caracterizan por crujidos, piel
seca y áspera, y señales prematuras de
envejecimiento.
La escasez de aire lleva a una falta de perceptibilidad, anemia, cansancio, desvitalización, desorientaciónn,
introversión, estancamiento, e
incapacidad para organizarse con
efectividad.
El fuego es el elemento de transmutación. Da calidez y sentimiento. Está asociado con el calor y la luz. El fuego se relaciona con el sentido de la vista y del discernimiento, la penetración, la comprensión, la inteligencia y la alegría. En el cuerpo rige la expansión, la digestión, el color de la piel, la vista y el calor. Psicológicamente se asocia con las aspiraciones, el idealismo, el entusiasmo, la confianza en sí mismo, la independencia, la virtud y el valor. Se identifica con el sentido de la dignidad, con la felicidad, el ardor, el celo. Cuando este elemento se encuentra en su justa proporción, la persona es agradable, optimista, espontánea, generosa, expansiva, cálida, afectuosa e inspirada. Semejantes personas irradian bondad y con frecuencia son fuente de fortaleza, de aliento e inspiración para los demás.
Por exceso, el fuego hace a las personas coléricas, violentas, imprudentes y agresivas. Eleva la temperatura del cuerpo y, por tanto, se relaciona con las fiebres, inflamaciones, irritaciones, y también con los cortes, morados, cicatrices y la presión provocada por la expansión de alguna parte del cuerpo contra otra (causando la fricción y, de hecho, el calor).
Cuando el elemento fuego es débil, la digestión es lenta, el cuerpo siente frío, la temperatura es pobre y los ojos carecen de brillo. La resistencia a las infecciones resulta deficiente. En estos casos, las personas se sienten abatidas, carentes de dinamismo, de valor y perseverancia. También suelen ser diabéticas, descorazonadas y puede que carezcan de fortaleza para enfrentarse a las dificultades y a los deseos de vivir.
El agua es un elemento que está asociado con la humedad y los líquidos. Rige la saliva y el sentido del gusto. Da al cuerpo suavidad de movimientos y lo protege contra las fricciones. El agua tiene el instinto de descender y por eso nutre las formas de los mundos más densos. Así como la tierra se ablanda con las lluvias, el agua proporciona al cuerpo su plenitud y suavidad. Los astrólogos acostumbran a asociar el agua con las emociones, las facultades imaginativas y los sentimientos personales en oposición con el sentido de lo que nos rodea. Por ello, es totalmente subjetiva, así como el aire es objetivo. Refleja una impresión similar a una imagen en un espejo, aunque la propia al sentir de sí mismo. Por eso rige la sensibilidad interna, aunque no necesariamente la sensibilidad hacia los sentimientos ajenos o a una impresión espiritual que requeriría más desapego. Cuando el agua es equilibrada la disposición se dirige a la calma y firmeza, la persona es suave, flexible, gentil, sensible y agradable.
Así como el fuego rige la expansión y las aspiraciones, el agua rige la contracción y la autoprotecciónn. Su exceso puede transformar a una persona aprensiva y excesivamente preocupada por su seguridad. También causa somnolencia, autoindulgencia, monotonía, voluptuosidad, lujuria, y con suma frecuencia: sobrepeso.
Cuando el elemento agua es deficiente, la persona tiende a manifestar los síntomas del exceso de aire en forma de rigidez y crujimiento. Carece de suavidad y de capacidad para relacionarse con los demás. No puede proyectar aquello que siente y por esto no es capaz de convencer a los demás de que tiene las razones personales adecuadas para lo que se propone y está realizando. En los .casos graves, no sabe cómo se siente y carece de ritmo.
La Tierra
El elemento tierra se relaciona con el principio de solidez y por consiguiente con el sentido de estabilidad y de permanencia. Es absolutamente esencial para nuestro sentido de seguridad. Rige el sentido del olfato y todo lo sólido de nuestro cuerpo: huesos, dientes, uñas, piel, cartílagos, tendones y grasas. Psicológicamente, se relaciona con el espíritu práctico, la seguridad, fidelidad, estructura, conservación y realismo. De manera más abstracta, se asocia con la discriminación y los aspectos más estables y permanentes de lo existente, por aquello que se deja afectar menos por las sutilezas y los matices; posee perseverancia y una mayor capacidad para mantenerse. Cuando el elemento tierra es equitativo da una gran tolerancia, paciencia, firmeza y claridad sobre la realidad básica. El sistema de valores de las personas de tierra es habitualmente sólido, raramente afectado por las emociones o el idealismo; más bien práctico.
Cuando el elemento tierra se halla en exceso, las personas son perezosas, letárgicas, inactivas, demasiado materialistas, a menudo densas, pesadas, inseguras de sí mismas, de reflejos lentos en la percepción y en la captación de nuevas ideas. Suelen dormir demasiado, son inflexibles, se resisten a la mayoría de cambios y tienen que meditar minuciosamente las cosas antes de realizar algo.
Si el elemento tierra es deficiente, la persona carece de la habilidad necesaria para manifestar sus pensamientos. Existe poca conexión entre su potencial y su materialización, y puede fallar en la capacidad de ver qué es lo que traiciona sus aspiraciones. Tales personas son inestables, a menudo carecen de solidez y no son capaces de generar el apoyo de los otros.
Correlaciones
Con frecuencia, los elementos se correlacionan con los «humores» citados por los antiguos. Como sucede en muchos aspectos de la Astrología, no existe una perfecta concordancia de correspondencias, pero la más usual es la siguiente:
AIRE Sanguíneo
FUEGO COLÉRICO
AGUA MELANCÓLICO
TIERRA FLEMÁTICO
Los elementos y su relación con los sentidos:
Elemento Sentido Órgano
ÉTER OÍDO OREJAS
AIRE TACTO PIEL
FUEGO VISTA OJOS
AGUA GUSTO LENGUA
TIERRA OLOR NARIZ
Artículo publicado por Mercurio-3, Nº 7, 2º trimestre 1988
La escasez de aire lleva a una falta de perceptibilidad, anemia, cansancio, desvitalizació
El Fuego
El fuego es el elemento de transmutación. Da calidez y sentimiento. Está asociado con el calor y la luz. El fuego se relaciona con el sentido de la vista y del discernimiento, la penetración, la comprensión, la inteligencia y la alegría. En el cuerpo rige la expansión, la digestión, el color de la piel, la vista y el calor. Psicológicamente se asocia con las aspiraciones, el idealismo, el entusiasmo, la confianza en sí mismo, la independencia, la virtud y el valor. Se identifica con el sentido de la dignidad, con la felicidad, el ardor, el celo. Cuando este elemento se encuentra en su justa proporción, la persona es agradable, optimista, espontánea, generosa, expansiva, cálida, afectuosa e inspirada. Semejantes personas irradian bondad y con frecuencia son fuente de fortaleza, de aliento e inspiración para los demás.
Por exceso, el fuego hace a las personas coléricas, violentas, imprudentes y agresivas. Eleva la temperatura del cuerpo y, por tanto, se relaciona con las fiebres, inflamaciones, irritaciones, y también con los cortes, morados, cicatrices y la presión provocada por la expansión de alguna parte del cuerpo contra otra (causando la fricción y, de hecho, el calor).
Cuando el elemento fuego es débil, la digestión es lenta, el cuerpo siente frío, la temperatura es pobre y los ojos carecen de brillo. La resistencia a las infecciones resulta deficiente. En estos casos, las personas se sienten abatidas, carentes de dinamismo, de valor y perseverancia. También suelen ser diabéticas, descorazonadas y puede que carezcan de fortaleza para enfrentarse a las dificultades y a los deseos de vivir.
El Agua
El agua es un elemento que está asociado con la humedad y los líquidos. Rige la saliva y el sentido del gusto. Da al cuerpo suavidad de movimientos y lo protege contra las fricciones. El agua tiene el instinto de descender y por eso nutre las formas de los mundos más densos. Así como la tierra se ablanda con las lluvias, el agua proporciona al cuerpo su plenitud y suavidad. Los astrólogos acostumbran a asociar el agua con las emociones, las facultades imaginativas y los sentimientos personales en oposición con el sentido de lo que nos rodea. Por ello, es totalmente subjetiva, así como el aire es objetivo. Refleja una impresión similar a una imagen en un espejo, aunque la propia al sentir de sí mismo. Por eso rige la sensibilidad interna, aunque no necesariamente la sensibilidad hacia los sentimientos ajenos o a una impresión espiritual que requeriría más desapego. Cuando el agua es equilibrada la disposición se dirige a la calma y firmeza, la persona es suave, flexible, gentil, sensible y agradable.
Así como el fuego rige la expansión y las aspiraciones, el agua rige la contracción y la autoprotecciónn. Su exceso puede transformar a una persona aprensiva y excesivamente preocupada por su seguridad. También causa somnolencia, autoindulgencia, monotonía, voluptuosidad, lujuria, y con suma frecuencia: sobrepeso.
Cuando el elemento agua es deficiente, la persona tiende a manifestar los síntomas del exceso de aire en forma de rigidez y crujimiento. Carece de suavidad y de capacidad para relacionarse con los demás. No puede proyectar aquello que siente y por esto no es capaz de convencer a los demás de que tiene las razones personales adecuadas para lo que se propone y está realizando. En los .casos graves, no sabe cómo se siente y carece de ritmo.
El elemento tierra se relaciona con el principio de solidez y por consiguiente con el sentido de estabilidad y de permanencia. Es absolutamente esencial para nuestro sentido de seguridad. Rige el sentido del olfato y todo lo sólido de nuestro cuerpo: huesos, dientes, uñas, piel, cartílagos, tendones y grasas. Psicológicamente, se relaciona con el espíritu práctico, la seguridad, fidelidad, estructura, conservación y realismo. De manera más abstracta, se asocia con la discriminación y los aspectos más estables y permanentes de lo existente, por aquello que se deja afectar menos por las sutilezas y los matices; posee perseverancia y una mayor capacidad para mantenerse. Cuando el elemento tierra es equitativo da una gran tolerancia, paciencia, firmeza y claridad sobre la realidad básica. El sistema de valores de las personas de tierra es habitualmente sólido, raramente afectado por las emociones o el idealismo; más bien práctico.
Cuando el elemento tierra se halla en exceso, las personas son perezosas, letárgicas, inactivas, demasiado materialistas, a menudo densas, pesadas, inseguras de sí mismas, de reflejos lentos en la percepción y en la captación de nuevas ideas. Suelen dormir demasiado, son inflexibles, se resisten a la mayoría de cambios y tienen que meditar minuciosamente las cosas antes de realizar algo.
Si el elemento tierra es deficiente, la persona carece de la habilidad necesaria para manifestar sus pensamientos. Existe poca conexión entre su potencial y su materialización, y puede fallar en la capacidad de ver qué es lo que traiciona sus aspiraciones. Tales personas son inestables, a menudo carecen de solidez y no son capaces de generar el apoyo de los otros.
Correlaciones
Con frecuencia, los elementos se correlacionan con los «humores» citados por los antiguos. Como sucede en muchos aspectos de la Astrología, no existe una perfecta concordancia de correspondencias, pero la más usual es la siguiente:
AIRE Sanguíneo
FUEGO COLÉRICO
AGUA MELANCÓLICO
TIERRA FLEMÁTICO
Los elementos y su relación con los sentidos:
Elemento Sentido Órgano
ÉTER OÍDO OREJAS
AIRE TACTO PIEL
FUEGO VISTA OJOS
AGUA GUSTO LENGUA
TIERRA OLOR NARIZ
Artículo publicado por Mercurio-3, Nº 7, 2º trimestre 1988
